jueves, 27 de agosto de 2009

El MIEDO AL NO.

Sin duda en la habitual forma de convivir de los seres humanos, existen diversas formas de comportamiento que influyen directamente en el actuar cotidiano. Los factores culturales, sociales, religiosos e ideológicos juegan un papel de gran valía para el desarrollo integral de los individuos en constante creciendo, evitando por naturaleza la estática, existiendo solo el retroceso y el avance, no la quietud en su sentido metafórico.

La forma de entrar en contacto y sinergia con los círculos sociales se da de manera muy variada, por empatía con el grupo –una asociación civil-, por la formalidad – un grupo de estudio- por referencia biológica –la familia- , por interés económico, -empresas y sindicatos-, y por un fastuoso etcétera. El individuo se acerca a distintos grupos para hacer fuerza, sentirse adherido, teniendo el lazo de la pertenencia y de aceptación como banderas bien izadas para entender sus alcances y limites.

El estar dentro de una organización nos conmina aceptar un sinfín de reglas y formas para poder estar inmersas en ella, pero, ¿Cuándo somos más del grupo?, ¿Cuándo dejamos de ser nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos aceptar lo que el grueso dice a pesar de estar en desacuerdo?. Este análisis se ciñe con la base de una pertenecía colectiva y un elemento de individualización, ambos intrínsecos a la naturaleza humana, irreversibles y necesarios para la subsistencia, procreación y estirpe.

Sin embargo, el aceptar cualquier manifestación del pensamiento, acción del grupo, nos orilla a la fatalidad –en este caso- del decir “si”, sin reparar más que en la respuesta, en las consecuencias del mismo. El hecho de dejarnos llevar por las corrientes costumbristas, es ya de por sí, una pésima costumbre, la ausencia de autodefinición en cualquier circunstancia acarrea a los hombres a ser entes seguidores de un masa, sin objetar al de enfrente, sin reflexionar por su propio criterio, se convierte en una multitud manipulable, sin carácter, endeble a la sazón de un gobierno, de una empresa o de una institución.

El decir no, libera, contagia, promueve, expresa una razón del ser, pues el “no” es en contrario sentido un “si” de la persona que está consciente de su decisión. No hablo de un “no” necio, aparcado, hablo de una respuesta con sentido atendiendo a lo que se es y se piensa.




El miedo a decir no, es culturalmente una fuerza inadmisible, bien admitida por el grueso de la población, ejemplo de esto será:
- Votar por alguien.
- Acudir alguna reunión social por mero compromiso.
- Estar en un grupo formal sin deseo de permanecer.
- Trabajar donde el ambiente de trabajo es nefasto.
- Decir si, cuando por dentro esto todo lo contrario.
¿Quién se atreve a decir no?. Cada quien sabrá cuando es la cita con uno y con otro, probar ser uno mismo, es la constante voz de saber quien somos y quien no somos.

No hay comentarios: