Es curioso que casi “todos” hemos bebido un maravilloso café por la mañana para activar al cuerpo, a la mente, a los sentidos para refrescar el momento con la humeante oportunidad del líquido caliente, de la cafeína constante y de la ensoñación de trabajar a una velocidad mayor a la esperada, a la exigida.
La parte donde se desliza el humano a esa realidad circundante, la provoca la excitación de los sentidos, la concordia de estar sentado y escribir, reflexionar, pensar, influir, trascender, evaporarse en todos los aspectos por la extraña convivencia de estar frente a la taza, a la humeante calcomanía de una idea, de una ruina, de un pensar, de una flagelo al enfrentamiento cotidiano, difuso, disperso, ambiguo, abstracto, abierto, con la sabrosura de terminar por el arte de haberlo hecho, de sentirlo suyo para el mundo.
La dialéctica en la que nos envolvemos dirige la mano para recoger la taza de forma genérica, la estructura de las palabras nos brinda la pauta, la oportunidad de salvar un poco lo que somos, lo que no somos, la pieza musical al respirar, al darnos la mano, al fijar la mirada, al ladear la cabeza, al bajar la voz, al suspirar por alguien, al volatizar el sentimiento del instante.
El detenerse en el tiempo es provocar el curso de la vida, es el sentido del aroma, es la oportunidad de transgredir la forma, de intuir el deseo, de atrapar la fuerza de la naturaleza, y que mejor agrupamiento de emociones frente a un monitor donde se vacían las ideas para transmitir y efectuar el raro, el vago sentimiento identidad con el otro producido por la taza del café, la efervescente cafeína y su múltiples males que se convierten en exquisitos y efímeros bienes.
Ahora, la manifestación del efecto del café conduce a la ventana universal, donde se puede alcanzar públicos no imaginados, las bellezas no creadas, la estatización idílica del que pensará el que no conozco, el del otro lado de la pantalla, el que esta “allá” donde no lo veo, pero donde conocerá el espectro escrito a distancia con un dejo de alejamiento.
Es por eso que el café es ya de por sí una experiencia única, el distinguir sus sabores, provoca cada día el deleite, la fascinación de los sentidos, el olfato al inhalarlo, la vista al observarlo, el tacto al tocar la taza y al final el gusto al degustarlo.
Los cafés tienen distintas concepciones en sus texturas, pocos alcanzan la finura y calidad, y el degustador sofisticado distingue las percepciones de una forma en donde el terrible nescafe es un producto de desprecio por su estulticia e insulto al verdadero café.
Lástima de una población cafetera que no conoce los verdaderos tonos y sabores de un café, lástima que unos poquitos tengan la posibilidad de conocer el elixir color obscuro y afortunados aquellos que se regocijan en el verdadero sabor de la naturaleza.
martes, 22 de junio de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
NECESIDAD DE ARTE
Las necesidades humanas fueron creadas, inventadas, como basamento de la integridad del ser humano, sólo basta voltear a ver las múltiples búsquedas colectivas de lo emocional, psicológico y espiritual que son fuente de la integración del ser humano. Los elementos para llegar a la realización son en primer orden, la experiencia como medio de supervivencia en la selva asfáltica, en segundo, el trabajo como instrumento para la subsistencia y el tercero, el esparcimiento como necesidad físico-mental. Es por esos motivos que la naturaleza del individuo se torna oscura, compleja al carecer de la satisfacción de sus necesidades para su sano desarrollo.
La recreación es una actividad en ocasiones olvidada, poco recurrida por el individuo, indispensable para la mente, pues esta actividad es redentora generando una “desconexión” con el mundo real, en un mundo imaginario, surrealista, original, único. El arte es un instrumento visual, auditivo y sensitivo, para llegar más allá de los sentidos, de lo corpóreo y lo mundano.
Resulta una gran experiencia el contacto, el alcance con la imagen de una pintura, con la silueta de una escultura, con la sinfonía de una canción, es la pura manifestación de la estética del tiempo, del espacio, atrapándolos, seduciéndolos, conmoviéndolos, excitándolos, amalgama del sentido profundo, identitario del ego para la transformación en sustancia endorfínica enseñoreando al placer como extracto de su propia naturaleza.
Un extraño efecto de la sin razón se hace presente para recordar la otra parte de su ser inspirando a la realidad, para establecer un vínculo entre el ser y el parecer, radiar desde su interior lo que se plantea en su intrincable presente, en su llanuroso pasado y en su incierto futuro. Por tal explicación, el arte incita a la provocación interior para la reacción del exterior. Emociones expresadas, diluidas por el observador y el sujeto sensible descifra en el arte la magnificencia del ser, algunas veces para escaparse, otras, para adentrarse en otros mundos inmersos en este.
El enfado cotidiano ofusca temporalmente la fantástica oportunidad de salir con todo y mente incluida, la exposición al encuentro fortuito, a la exaltación lícita de los sentidos. Es por eso que el arte es la contraposición de lo osco, de lo vulgar, de lo cotidiano, aunque en su universalidad abrace sus mismos contrastes para crear la profunda necesidad de recrearse y reinventarse.
La recreación es una actividad en ocasiones olvidada, poco recurrida por el individuo, indispensable para la mente, pues esta actividad es redentora generando una “desconexión” con el mundo real, en un mundo imaginario, surrealista, original, único. El arte es un instrumento visual, auditivo y sensitivo, para llegar más allá de los sentidos, de lo corpóreo y lo mundano.
Resulta una gran experiencia el contacto, el alcance con la imagen de una pintura, con la silueta de una escultura, con la sinfonía de una canción, es la pura manifestación de la estética del tiempo, del espacio, atrapándolos, seduciéndolos, conmoviéndolos, excitándolos, amalgama del sentido profundo, identitario del ego para la transformación en sustancia endorfínica enseñoreando al placer como extracto de su propia naturaleza.
Un extraño efecto de la sin razón se hace presente para recordar la otra parte de su ser inspirando a la realidad, para establecer un vínculo entre el ser y el parecer, radiar desde su interior lo que se plantea en su intrincable presente, en su llanuroso pasado y en su incierto futuro. Por tal explicación, el arte incita a la provocación interior para la reacción del exterior. Emociones expresadas, diluidas por el observador y el sujeto sensible descifra en el arte la magnificencia del ser, algunas veces para escaparse, otras, para adentrarse en otros mundos inmersos en este.
El enfado cotidiano ofusca temporalmente la fantástica oportunidad de salir con todo y mente incluida, la exposición al encuentro fortuito, a la exaltación lícita de los sentidos. Es por eso que el arte es la contraposición de lo osco, de lo vulgar, de lo cotidiano, aunque en su universalidad abrace sus mismos contrastes para crear la profunda necesidad de recrearse y reinventarse.
jueves, 8 de abril de 2010
CON O SER O SER CON
El ser humano es una maquinaria casi perfecta, se adhiere a su entorno con gran facilidad, contiene un procesador capaz de crear tecnología de punta y desarrolla sus facultades físicas e intelectuales para convivir en comunidad, en una esfera global donde a medida que pasa el tiempo acumula riquezas interiores que le permiten seguir siendo, un ser en crecimiento.
Al paso del tiempo el ser humano adquiere lo que es necesario, conocimientos tales como el pensamiento creativo, resolución de problemas, capacidad intuitiva, deducción lógica, dialéctica constructiva, lenguaje abstracto, apreciación científica, habilidad psicomotora, le dan la posibilidad de adentrarse en su mundo, generando un sistema de sobrevivencia natural para adaptarse al medio.
Este conocimiento constructor en sentido contrario también tiene la potencia constante de destrucción, el que conoce estos dos ángulos del conocimiento, es poseedor de un elemento superior, la facultad de distinguir y aplicar conforme a las circunstancias el poder. Esto significa que el conocimiento sirve para ser lo que se quiere ser sumándole el límite de libertad ponemos en relieve los valores y los sentimientos, y como consecuencia el resultado de cognición podrá disfrazar o ser a su conveniencia o a su conciencia, sin ser excluyentes ambas una de la otra, siendo complementarias para sí y su sociedad.
El que detenta el conocimiento tiene una responsabilidad enorme, primero aplicándolo, segundo transmitiéndolo para que fluya a través de la palabra, es por eso que algunas organizaciones translimiten el mensaje sólo a quienes pueden tenerlo para comenzar a construir en la acción, y así formar conciencia en los receptores haciéndolos trascender.
Ejercer el conocimiento para obtener un lucro indebido, para manipular a las masas o para alcanzar deseos mezquinos, daña ostensiblemente a la humanidad, dejando un hueco en aquella persona que recibió la mala orientación, o una idea errónea de la realidad o peor aun cuando las personas son utilizadas para obtener fines abyectos, desarticulando el desarrollo colectivo y la esperanza de un pueblo. Los colectivos humanos se trastornan en selvas de supervivencia, es aquí donde entra la conciencia, esa voz juiciosa que impulsa o reprime los deseos.
La formación para el desarrollo humano, se encuentra en el apego a una cultura axiológica, significativa de armonía a través del respeto a la vida, la tolerancia a los distintos pensamientos, la continencia de los excesos, la temperancia de los deseos, en suma, la fortaleza interior para ser sin opacar, y dejar ser sin dejar de brillar.
El conocimiento es infinito, es luz reflejada en el ser humano, es una herramienta para hacer y dejar hacer, el conocimiento es valorado al momento de compartirlo, es noble causa para el que está al frente, para el que está a un lado.
Al paso del tiempo el ser humano adquiere lo que es necesario, conocimientos tales como el pensamiento creativo, resolución de problemas, capacidad intuitiva, deducción lógica, dialéctica constructiva, lenguaje abstracto, apreciación científica, habilidad psicomotora, le dan la posibilidad de adentrarse en su mundo, generando un sistema de sobrevivencia natural para adaptarse al medio.
Este conocimiento constructor en sentido contrario también tiene la potencia constante de destrucción, el que conoce estos dos ángulos del conocimiento, es poseedor de un elemento superior, la facultad de distinguir y aplicar conforme a las circunstancias el poder. Esto significa que el conocimiento sirve para ser lo que se quiere ser sumándole el límite de libertad ponemos en relieve los valores y los sentimientos, y como consecuencia el resultado de cognición podrá disfrazar o ser a su conveniencia o a su conciencia, sin ser excluyentes ambas una de la otra, siendo complementarias para sí y su sociedad.
El que detenta el conocimiento tiene una responsabilidad enorme, primero aplicándolo, segundo transmitiéndolo para que fluya a través de la palabra, es por eso que algunas organizaciones translimiten el mensaje sólo a quienes pueden tenerlo para comenzar a construir en la acción, y así formar conciencia en los receptores haciéndolos trascender.
Ejercer el conocimiento para obtener un lucro indebido, para manipular a las masas o para alcanzar deseos mezquinos, daña ostensiblemente a la humanidad, dejando un hueco en aquella persona que recibió la mala orientación, o una idea errónea de la realidad o peor aun cuando las personas son utilizadas para obtener fines abyectos, desarticulando el desarrollo colectivo y la esperanza de un pueblo. Los colectivos humanos se trastornan en selvas de supervivencia, es aquí donde entra la conciencia, esa voz juiciosa que impulsa o reprime los deseos.
La formación para el desarrollo humano, se encuentra en el apego a una cultura axiológica, significativa de armonía a través del respeto a la vida, la tolerancia a los distintos pensamientos, la continencia de los excesos, la temperancia de los deseos, en suma, la fortaleza interior para ser sin opacar, y dejar ser sin dejar de brillar.
El conocimiento es infinito, es luz reflejada en el ser humano, es una herramienta para hacer y dejar hacer, el conocimiento es valorado al momento de compartirlo, es noble causa para el que está al frente, para el que está a un lado.
lunes, 22 de febrero de 2010
PUNTO CRÍTICO
Es común imbuirnos en la rutina de la comentocracia donde se desbordan todo tipo de críticas, pasiones verbales, arrebatos intelectuales, vituperios psicológicos y un sinfín de pensamientos esparcidos en una café, en un bar, en un escritorio y hasta en una colaboración escrita.
El criticar a un sistema o a un personaje es un derecho inalienable de todo ciudadano que goce la libertad de expresión. Es sin duda, un hecho el desenvolvimiento de los críticos de este espacio electrónico, es una gran oportunidad el plasmar y dar a conocer una idea, una forma de pensamiento para generar conciencia en los lectores y sus círculos sociales, es, una llamara de luz en la oscuridad de la inconsciencia del resto de los medios de información locales.
Sin embargo, aquí no termina la responsabilidad, permitido criticar, obligado actuar. Sin esta condición, la sociedad se encuentra repleta de voces y ausente de acciones. El decir es cuestión sencilla, basta mirar la televisión o leer algunos periodiquitos para que algunos “ilustrados” nos hablen de las soluciones maximalistas de Estado y del país entero, aplicando una lógica desde el pedestal del privilegio y de la relación pública, sin acción alguna. Es políticamente correcto escribir de una manera en la que no se lastimen intereses personales y grupusculares para contener el status quo de una población adormilada en el atractivo circense de la política en la que vivimos.
El actuar conforme a principios éticos significa vivir para hacer el bien humano, un bien colectivo, y al hacerlo, nos haremos un bien a nosotros mismos. En sociedades avanzadas, existe una constante en sus habitantes, CADA UNO DE ELLOS SABE QUE FUNCIÓN TIENE Y LA REALIZA, este es un principio progresista donde el engranaje de una familia, una empresa y un gobierno funcionan a la par, a la misma velocidad, es decir, si cada integrante de la comunidad se hiciera responsable de todos sus actos participando en conjunto con los demás, se proyectaría una lugar más prospero, armonioso y equilibrado para ellos y los que han de sumar para ellos.
Por esas razones el aportar a una sociedad, es integrase participando en actividades que impliquen el involucramiento de muchos, sin olvidar la tarea fundamental de realizar el papel social unitario con dos exigencias, certeza y oportunidad. Así de sencillo es el entramado de una sociedad desarrollada, ordenada en principios éticos, construida en responsabilidades establecidas en lo personal para su inserción en lo colectivo, para después efectuar una crítica objetiva, reparando y reconstruyendo las relaciones humanas, logrando su funcionalidad y enriquecimiento, estando dispuestos a crecer en la diversidad, sintiéndose parte del entorno, en resumen, siendo actores protagónicos por naturaleza de sus escenarios presentes y futuros.
El criticar a un sistema o a un personaje es un derecho inalienable de todo ciudadano que goce la libertad de expresión. Es sin duda, un hecho el desenvolvimiento de los críticos de este espacio electrónico, es una gran oportunidad el plasmar y dar a conocer una idea, una forma de pensamiento para generar conciencia en los lectores y sus círculos sociales, es, una llamara de luz en la oscuridad de la inconsciencia del resto de los medios de información locales.
Sin embargo, aquí no termina la responsabilidad, permitido criticar, obligado actuar. Sin esta condición, la sociedad se encuentra repleta de voces y ausente de acciones. El decir es cuestión sencilla, basta mirar la televisión o leer algunos periodiquitos para que algunos “ilustrados” nos hablen de las soluciones maximalistas de Estado y del país entero, aplicando una lógica desde el pedestal del privilegio y de la relación pública, sin acción alguna. Es políticamente correcto escribir de una manera en la que no se lastimen intereses personales y grupusculares para contener el status quo de una población adormilada en el atractivo circense de la política en la que vivimos.
El actuar conforme a principios éticos significa vivir para hacer el bien humano, un bien colectivo, y al hacerlo, nos haremos un bien a nosotros mismos. En sociedades avanzadas, existe una constante en sus habitantes, CADA UNO DE ELLOS SABE QUE FUNCIÓN TIENE Y LA REALIZA, este es un principio progresista donde el engranaje de una familia, una empresa y un gobierno funcionan a la par, a la misma velocidad, es decir, si cada integrante de la comunidad se hiciera responsable de todos sus actos participando en conjunto con los demás, se proyectaría una lugar más prospero, armonioso y equilibrado para ellos y los que han de sumar para ellos.
Por esas razones el aportar a una sociedad, es integrase participando en actividades que impliquen el involucramiento de muchos, sin olvidar la tarea fundamental de realizar el papel social unitario con dos exigencias, certeza y oportunidad. Así de sencillo es el entramado de una sociedad desarrollada, ordenada en principios éticos, construida en responsabilidades establecidas en lo personal para su inserción en lo colectivo, para después efectuar una crítica objetiva, reparando y reconstruyendo las relaciones humanas, logrando su funcionalidad y enriquecimiento, estando dispuestos a crecer en la diversidad, sintiéndose parte del entorno, en resumen, siendo actores protagónicos por naturaleza de sus escenarios presentes y futuros.
lunes, 4 de enero de 2010
APRECIACIÓN SOCIAL DEL ARTE
En el ir y venir del hombre se han fraguan las ideas más sencillas, más profanas, más divinas. El arte como idea y como instrumento de algunas partículas de la sociedad, deja huella de su rastro a su paso, en sus inconmensurables horizontes donde se tallan los talentos, las mentes, los espíritus, donde se experimenta el calor de la esperanza, el frio de la violencia, la sed de justicia, el ansia de la igualdad y lo espeso de la amargura.
Esta fuerza motora del arte es un ejemplo de la complejidad humana, de sus misterios, de su diferencia de razas, de su amplitud de pensamiento, de su riqueza lingüística, de su sobrevivencia constante, en un entorno cada día más hostil, el cual impide la convivencia, la hace mas adversa, pero también grande.
En la historia de la humanidad se han escrito miles de hazañas, glorias, caídas, sufrimientos sin misericordia, la voz fue de los oprimidos, de esos muchos que no dejaron para después la encomienda de su tiempo, dando paso a la fuerza de la memoria bien guardada, para legarnos un mundo mejor, aunque ese mundo no sea mejor, construimos la mejoría desde adentro, en el campo interior del humano, ese espacio indestructible, siempre creciente.
Este es el preámbulo del margen histórico del hombre, donde el arte juega un rol fundamental para llegar hasta aquí, ser lo que somos y reconocer lo que no somos.
Y una vez hechos y reconocidos, embriagados por la tinta digital, de la tecnología me lanzo a la aventura de decir…..
El arte es una herramienta que sirve para la representación de un pensamiento, de una ilusión, de una debilidad, de una fortaleza.
La sociedad está repleta de un sinfín de complejidades que se ven descubiertas con las múltiples manifestaciones, el expresarse ante lo cotidiano resulta una necesidad frecuente del ciudadano con un poco de conciencia de su entorno de su espacio, de un lugar que no es ajeno a la particularidad de su ser. Y es que en este sistema social se establece de manera axiológica la forma conductual de los hombres –actuando en ocasiones en como un hombre masa- para comportarse de suerte que no sea criticado por el resto de sus semejantes. Es decir, la manipulación de la opinión por un sistema impuesto, por la conveniencia de no ser autentico, resulta la parte más cotidiana del ser el no ser.
Es por eso que el arte es un receptáculo y un escaparate para desmitificar las raíces de las mascaras sociales, esas que se caen con la representación de un dibujo, de una escultura, de una pintura, de una imagen y con ella, la caída de un cerco, el que no permitía ser.
En este mismo orden, la expresión artística promueve sentimientos y emociones silenciadas por el yugo social, donde la expresión del amor es una cuestión limitada, tabú, con elementos que llevan al paroxismo de su origen, la pasión y la entrega de la esencia de la que estamos conformados, de la que no se puede desprender.
Y en efecto, el ser evoca una necesidad de la cual no puede desprenderse de eso, del tejido de social, pues ahora los derroteros de la felicidad, son otros por su superficialidad y materialidad. La verdadera existencia está en la querer hacer, no porque se debe hacer, si no porque se quiere y después de ese deseo, promover la acción constante, para lidiar con la duda encaminada a la certidumbre.
Y desde luego la formación de los deseos se ve forzada por la espontanea voluntad, por la razón, la inteligencia y los instintos.
Y regresando al tema que nos ocupa, diré que el arte es uno de esos deseos inmanentes al ser, sin embargo, no en todas las personas está desarrollada esta capacidad de observación, debido a sus condiciones sociales, económicas y culturales. Por ejemplo en una familia de escasos recursos es verdaderamente complejo entender el mundo por medio del arte, porque se carecen de los incentivos, de los espacios para el conocimiento y el entendimiento del arte.
Desafortunadamente el arte en México es elitista, está vedado para unos cuantos, para los que tienen una mayor capacidad de compra. El arte se constriñe aquellos centros de distribución artísticos – museos, galerías- y allí mismo se consume como un producto ajeno a la realidad cotidiana del grueso de la sociedad, una sociedad harta de lo mismo, de sus políticos, de su amarga economía que deja resabios de los intereses populares de los gobiernos.
La arquitectura de las zonas populares es una muestra de la carencia absoluta de arte, la producción en serie de vivienda, es la multiplicación del tedio visual, trastocando un filtro sensorial de la integración completa del ser, abriendo un hueco en la capacidad de diferenciar lo bello de lo contaminado, de lo estético de lo antiestético, produce un empobrecimiento sensitivo, dejándolo paralitico para su desarrollo interno en su mundo exterior.
No existe un panorama igualitario en un sistema desigual, la popularización de la vivienda en el capitalismo rapaz, adapta las circunstancias económicas a una vida austera, sin movimiento, adormilada, acomplejada por los vicios de ese mismo sistema y por el acomodo de los intereses, los precios del mercado y los excesos del poder.
En la hondura de estos comentarios surge la chispa de la inconformidad, pero no es suficiente, hace falta más para dilucidar esta problemática, los aspectos sociales del mexicano son complejos por la sumisión a la derrota, a la incultura y al analfabetismo generalizado.
En México el aspecto social del arte está sujeto a las diversas políticas públicas con las que el Estado mexicano le conviene trabajar, distribuyendo por aquí y por allá recursos, malversando lo poquito que se destina del presupuesto a la cultura y su difusión.
Es por eso que el artista –o el que intenta serlo- busca nuevos y renovados espacios para encontrar un punto donde pueda proyectar eso que es, lo que significa llevar la obra, la parte interiorizada de su pensamiento para fructificarlo en la apreciación del público espectador, de un público hambriento de nuevas formas estéticas, su esparcimiento creativo.
La batalla en contra de lo antiestético - siendo bastante subjetivo- resulta ser una constante en el paso de los años, debido a que la poca oferta del arte nos convierte en espectadores de lo poco y lo pobre que resulta nuestros paisajes citadinos, en donde nos convertimos en pasajeros de un tren conducido por la ignorancia y el desprecio, porque el arte para ellos no es negocio, falacia gigante, pues allí se concentra parte fundamental de la educación de un pueblo.
En contraste con otras naciones del mundo, se puede ver que el dinero, puede o no representar un problema, eso depende de la importancia y el valor intrínseco del arte para comprender que los ciudadanos que exigen y lo buscan, así como un elemento emancipatorio y lúdico del individuo.
En principio parece que lo artístico no es una causa social, pero al ver que la sociedad está moribunda de valores y de principios, no se podrá alcanzar la conciencia social que deseamos, y sólo algunos menesterosos de lo artístico, no de buen gusto, harán esfuerzos que son insuficientes por la reducción de ese mismo grupo.
Es necesario recordar también que esta participación históricamente ha sido punta de lanza para cambiar al mundo, cambiar NUESTRO mundo y con la expresión del arte, herramienta sutil, amalgama el pensamiento libertador y liberal de todos los tiempos.
La prisa constante del ser humano moderno lo envuelve en los nubarrones de la cotidianidad, de lo adverso que resulta el ver un mundo pacífico. El aspecto ideológico de la masa es una fuerza enorme que sirve a cualquier entidad de gobierno para salir avante en sus objetivos, ya sean personales o grupales.
El vicio como parte reinante de la naturaleza humana es proyectado en muchas calles de la ciudad, como anteriormente se había dicho, la contaminación visual provoca una disminución por la apreciación artística y lo hace al ser instintivo, equivoco, errabundo en su andar por su mundo.
El potencial de trabajar con mejores instrumentos sociales, es partir de una política diseñada y redirigida a la masa y a las minorías, haciendo un conjunto que pugne por lo heterogéneo, elemento vivo, diáfano, constructor de sociedades diferenciadas, artífice de una cultura evolucionada.
Esta fuerza motora del arte es un ejemplo de la complejidad humana, de sus misterios, de su diferencia de razas, de su amplitud de pensamiento, de su riqueza lingüística, de su sobrevivencia constante, en un entorno cada día más hostil, el cual impide la convivencia, la hace mas adversa, pero también grande.
En la historia de la humanidad se han escrito miles de hazañas, glorias, caídas, sufrimientos sin misericordia, la voz fue de los oprimidos, de esos muchos que no dejaron para después la encomienda de su tiempo, dando paso a la fuerza de la memoria bien guardada, para legarnos un mundo mejor, aunque ese mundo no sea mejor, construimos la mejoría desde adentro, en el campo interior del humano, ese espacio indestructible, siempre creciente.
Este es el preámbulo del margen histórico del hombre, donde el arte juega un rol fundamental para llegar hasta aquí, ser lo que somos y reconocer lo que no somos.
Y una vez hechos y reconocidos, embriagados por la tinta digital, de la tecnología me lanzo a la aventura de decir…..
El arte es una herramienta que sirve para la representación de un pensamiento, de una ilusión, de una debilidad, de una fortaleza.
La sociedad está repleta de un sinfín de complejidades que se ven descubiertas con las múltiples manifestaciones, el expresarse ante lo cotidiano resulta una necesidad frecuente del ciudadano con un poco de conciencia de su entorno de su espacio, de un lugar que no es ajeno a la particularidad de su ser. Y es que en este sistema social se establece de manera axiológica la forma conductual de los hombres –actuando en ocasiones en como un hombre masa- para comportarse de suerte que no sea criticado por el resto de sus semejantes. Es decir, la manipulación de la opinión por un sistema impuesto, por la conveniencia de no ser autentico, resulta la parte más cotidiana del ser el no ser.
Es por eso que el arte es un receptáculo y un escaparate para desmitificar las raíces de las mascaras sociales, esas que se caen con la representación de un dibujo, de una escultura, de una pintura, de una imagen y con ella, la caída de un cerco, el que no permitía ser.
En este mismo orden, la expresión artística promueve sentimientos y emociones silenciadas por el yugo social, donde la expresión del amor es una cuestión limitada, tabú, con elementos que llevan al paroxismo de su origen, la pasión y la entrega de la esencia de la que estamos conformados, de la que no se puede desprender.
Y en efecto, el ser evoca una necesidad de la cual no puede desprenderse de eso, del tejido de social, pues ahora los derroteros de la felicidad, son otros por su superficialidad y materialidad. La verdadera existencia está en la querer hacer, no porque se debe hacer, si no porque se quiere y después de ese deseo, promover la acción constante, para lidiar con la duda encaminada a la certidumbre.
Y desde luego la formación de los deseos se ve forzada por la espontanea voluntad, por la razón, la inteligencia y los instintos.
Y regresando al tema que nos ocupa, diré que el arte es uno de esos deseos inmanentes al ser, sin embargo, no en todas las personas está desarrollada esta capacidad de observación, debido a sus condiciones sociales, económicas y culturales. Por ejemplo en una familia de escasos recursos es verdaderamente complejo entender el mundo por medio del arte, porque se carecen de los incentivos, de los espacios para el conocimiento y el entendimiento del arte.
Desafortunadamente el arte en México es elitista, está vedado para unos cuantos, para los que tienen una mayor capacidad de compra. El arte se constriñe aquellos centros de distribución artísticos – museos, galerías- y allí mismo se consume como un producto ajeno a la realidad cotidiana del grueso de la sociedad, una sociedad harta de lo mismo, de sus políticos, de su amarga economía que deja resabios de los intereses populares de los gobiernos.
La arquitectura de las zonas populares es una muestra de la carencia absoluta de arte, la producción en serie de vivienda, es la multiplicación del tedio visual, trastocando un filtro sensorial de la integración completa del ser, abriendo un hueco en la capacidad de diferenciar lo bello de lo contaminado, de lo estético de lo antiestético, produce un empobrecimiento sensitivo, dejándolo paralitico para su desarrollo interno en su mundo exterior.
No existe un panorama igualitario en un sistema desigual, la popularización de la vivienda en el capitalismo rapaz, adapta las circunstancias económicas a una vida austera, sin movimiento, adormilada, acomplejada por los vicios de ese mismo sistema y por el acomodo de los intereses, los precios del mercado y los excesos del poder.
En la hondura de estos comentarios surge la chispa de la inconformidad, pero no es suficiente, hace falta más para dilucidar esta problemática, los aspectos sociales del mexicano son complejos por la sumisión a la derrota, a la incultura y al analfabetismo generalizado.
En México el aspecto social del arte está sujeto a las diversas políticas públicas con las que el Estado mexicano le conviene trabajar, distribuyendo por aquí y por allá recursos, malversando lo poquito que se destina del presupuesto a la cultura y su difusión.
Es por eso que el artista –o el que intenta serlo- busca nuevos y renovados espacios para encontrar un punto donde pueda proyectar eso que es, lo que significa llevar la obra, la parte interiorizada de su pensamiento para fructificarlo en la apreciación del público espectador, de un público hambriento de nuevas formas estéticas, su esparcimiento creativo.
La batalla en contra de lo antiestético - siendo bastante subjetivo- resulta ser una constante en el paso de los años, debido a que la poca oferta del arte nos convierte en espectadores de lo poco y lo pobre que resulta nuestros paisajes citadinos, en donde nos convertimos en pasajeros de un tren conducido por la ignorancia y el desprecio, porque el arte para ellos no es negocio, falacia gigante, pues allí se concentra parte fundamental de la educación de un pueblo.
En contraste con otras naciones del mundo, se puede ver que el dinero, puede o no representar un problema, eso depende de la importancia y el valor intrínseco del arte para comprender que los ciudadanos que exigen y lo buscan, así como un elemento emancipatorio y lúdico del individuo.
En principio parece que lo artístico no es una causa social, pero al ver que la sociedad está moribunda de valores y de principios, no se podrá alcanzar la conciencia social que deseamos, y sólo algunos menesterosos de lo artístico, no de buen gusto, harán esfuerzos que son insuficientes por la reducción de ese mismo grupo.
Es necesario recordar también que esta participación históricamente ha sido punta de lanza para cambiar al mundo, cambiar NUESTRO mundo y con la expresión del arte, herramienta sutil, amalgama el pensamiento libertador y liberal de todos los tiempos.
La prisa constante del ser humano moderno lo envuelve en los nubarrones de la cotidianidad, de lo adverso que resulta el ver un mundo pacífico. El aspecto ideológico de la masa es una fuerza enorme que sirve a cualquier entidad de gobierno para salir avante en sus objetivos, ya sean personales o grupales.
El vicio como parte reinante de la naturaleza humana es proyectado en muchas calles de la ciudad, como anteriormente se había dicho, la contaminación visual provoca una disminución por la apreciación artística y lo hace al ser instintivo, equivoco, errabundo en su andar por su mundo.
El potencial de trabajar con mejores instrumentos sociales, es partir de una política diseñada y redirigida a la masa y a las minorías, haciendo un conjunto que pugne por lo heterogéneo, elemento vivo, diáfano, constructor de sociedades diferenciadas, artífice de una cultura evolucionada.
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