Es común imbuirnos en la rutina de la comentocracia donde se desbordan todo tipo de críticas, pasiones verbales, arrebatos intelectuales, vituperios psicológicos y un sinfín de pensamientos esparcidos en una café, en un bar, en un escritorio y hasta en una colaboración escrita.
El criticar a un sistema o a un personaje es un derecho inalienable de todo ciudadano que goce la libertad de expresión. Es sin duda, un hecho el desenvolvimiento de los críticos de este espacio electrónico, es una gran oportunidad el plasmar y dar a conocer una idea, una forma de pensamiento para generar conciencia en los lectores y sus círculos sociales, es, una llamara de luz en la oscuridad de la inconsciencia del resto de los medios de información locales.
Sin embargo, aquí no termina la responsabilidad, permitido criticar, obligado actuar. Sin esta condición, la sociedad se encuentra repleta de voces y ausente de acciones. El decir es cuestión sencilla, basta mirar la televisión o leer algunos periodiquitos para que algunos “ilustrados” nos hablen de las soluciones maximalistas de Estado y del país entero, aplicando una lógica desde el pedestal del privilegio y de la relación pública, sin acción alguna. Es políticamente correcto escribir de una manera en la que no se lastimen intereses personales y grupusculares para contener el status quo de una población adormilada en el atractivo circense de la política en la que vivimos.
El actuar conforme a principios éticos significa vivir para hacer el bien humano, un bien colectivo, y al hacerlo, nos haremos un bien a nosotros mismos. En sociedades avanzadas, existe una constante en sus habitantes, CADA UNO DE ELLOS SABE QUE FUNCIÓN TIENE Y LA REALIZA, este es un principio progresista donde el engranaje de una familia, una empresa y un gobierno funcionan a la par, a la misma velocidad, es decir, si cada integrante de la comunidad se hiciera responsable de todos sus actos participando en conjunto con los demás, se proyectaría una lugar más prospero, armonioso y equilibrado para ellos y los que han de sumar para ellos.
Por esas razones el aportar a una sociedad, es integrase participando en actividades que impliquen el involucramiento de muchos, sin olvidar la tarea fundamental de realizar el papel social unitario con dos exigencias, certeza y oportunidad. Así de sencillo es el entramado de una sociedad desarrollada, ordenada en principios éticos, construida en responsabilidades establecidas en lo personal para su inserción en lo colectivo, para después efectuar una crítica objetiva, reparando y reconstruyendo las relaciones humanas, logrando su funcionalidad y enriquecimiento, estando dispuestos a crecer en la diversidad, sintiéndose parte del entorno, en resumen, siendo actores protagónicos por naturaleza de sus escenarios presentes y futuros.