Sin duda en la habitual forma de convivir de los seres humanos, existen diversas formas de comportamiento que influyen directamente en el actuar cotidiano. Los factores culturales, sociales, religiosos e ideológicos juegan un papel de gran valía para el desarrollo integral de los individuos en constante creciendo, evitando por naturaleza la estática, existiendo solo el retroceso y el avance, no la quietud en su sentido metafórico.
La forma de entrar en contacto y sinergia con los círculos sociales se da de manera muy variada, por empatía con el grupo –una asociación civil-, por la formalidad – un grupo de estudio- por referencia biológica –la familia- , por interés económico, -empresas y sindicatos-, y por un fastuoso etcétera. El individuo se acerca a distintos grupos para hacer fuerza, sentirse adherido, teniendo el lazo de la pertenencia y de aceptación como banderas bien izadas para entender sus alcances y limites.
El estar dentro de una organización nos conmina aceptar un sinfín de reglas y formas para poder estar inmersas en ella, pero, ¿Cuándo somos más del grupo?, ¿Cuándo dejamos de ser nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos aceptar lo que el grueso dice a pesar de estar en desacuerdo?. Este análisis se ciñe con la base de una pertenecía colectiva y un elemento de individualización, ambos intrínsecos a la naturaleza humana, irreversibles y necesarios para la subsistencia, procreación y estirpe.
Sin embargo, el aceptar cualquier manifestación del pensamiento, acción del grupo, nos orilla a la fatalidad –en este caso- del decir “si”, sin reparar más que en la respuesta, en las consecuencias del mismo. El hecho de dejarnos llevar por las corrientes costumbristas, es ya de por sí, una pésima costumbre, la ausencia de autodefinición en cualquier circunstancia acarrea a los hombres a ser entes seguidores de un masa, sin objetar al de enfrente, sin reflexionar por su propio criterio, se convierte en una multitud manipulable, sin carácter, endeble a la sazón de un gobierno, de una empresa o de una institución.
El decir no, libera, contagia, promueve, expresa una razón del ser, pues el “no” es en contrario sentido un “si” de la persona que está consciente de su decisión. No hablo de un “no” necio, aparcado, hablo de una respuesta con sentido atendiendo a lo que se es y se piensa.
El miedo a decir no, es culturalmente una fuerza inadmisible, bien admitida por el grueso de la población, ejemplo de esto será:
- Votar por alguien.
- Acudir alguna reunión social por mero compromiso.
- Estar en un grupo formal sin deseo de permanecer.
- Trabajar donde el ambiente de trabajo es nefasto.
- Decir si, cuando por dentro esto todo lo contrario.
¿Quién se atreve a decir no?. Cada quien sabrá cuando es la cita con uno y con otro, probar ser uno mismo, es la constante voz de saber quien somos y quien no somos.
jueves, 27 de agosto de 2009
martes, 18 de agosto de 2009
EMPRENDEDURISMO.
El quehacer de la juventud se cierne sobre distintas actividades en lo cotidiano, desde el ejercicio físico, el estudio de la carrera universitaria, pasando por la actividad laboral, el desarrollo de las artes, el ocio, la diversión sabatina y una en particular que me gustaría describir en estas líneas, una, que deja su estela de oportunidades e ilusiones, el emprendedurismo.
Esta actividad por sí misma es generadora de creatividad y esfuerzos por alcanzar lo anhelado: la construcción de un negocio, el inicio de una empresa y con ello la fortuna de convertirse en un actor importante de la economía local y familiar.
El emprendedurismo es una actitud para enfrentar todos los retos de una vida en progreso constante, en un vaivén de dificultades, en un torbellino de retos que se ven reflejados en la edad de los veinte a los treinta años, donde existe la necesidad de crecer, con espíritu competitivo, con la emoción por despegar y ser más uno, no uno más, para que enseguida se aspire a llegar de la cúspide, sea económica, sea humana.
Y ya en plena carrera de despegue las oportunidades para crecer desafortunadamente son para los arrojados, los despiertos del letargo histórico-cultural mexicano, los que luchan a pesar del sistema burocrático, los que batallan por la infinidad de obstáculos para obtener un crédito, los que se sacuden el “no puedo”. Todos estos elementos son parte de la confrontación diaria por ser joven, por querer, por soñar tantito más y luego después de eso llegar a la claridad de la consumación del sueño, al final su consagración, y por efecto: la persona humana desarrollada.
Esta deliciosa responsabilidad de emprender, hace del iniciador una persona con vocación, con carácter para los otros proyectos, los cuales son su vida emocional, su familia, su vida espiritual, su medio ambiente, su entereza ante los demás.
La integridad se logra en cierta medida por desafío de esta vida, la convocatoria está abierta, se ofrecen vacantes para ser exitoso, requisitos: responsabilidad, honestidad, trabajo diario, sacrificio, constancia, capacidad de ahorro, participación social, preparación profesional y sobre todo ACTITUD para serlo.
Esta actividad por sí misma es generadora de creatividad y esfuerzos por alcanzar lo anhelado: la construcción de un negocio, el inicio de una empresa y con ello la fortuna de convertirse en un actor importante de la economía local y familiar.
El emprendedurismo es una actitud para enfrentar todos los retos de una vida en progreso constante, en un vaivén de dificultades, en un torbellino de retos que se ven reflejados en la edad de los veinte a los treinta años, donde existe la necesidad de crecer, con espíritu competitivo, con la emoción por despegar y ser más uno, no uno más, para que enseguida se aspire a llegar de la cúspide, sea económica, sea humana.
Y ya en plena carrera de despegue las oportunidades para crecer desafortunadamente son para los arrojados, los despiertos del letargo histórico-cultural mexicano, los que luchan a pesar del sistema burocrático, los que batallan por la infinidad de obstáculos para obtener un crédito, los que se sacuden el “no puedo”. Todos estos elementos son parte de la confrontación diaria por ser joven, por querer, por soñar tantito más y luego después de eso llegar a la claridad de la consumación del sueño, al final su consagración, y por efecto: la persona humana desarrollada.
Esta deliciosa responsabilidad de emprender, hace del iniciador una persona con vocación, con carácter para los otros proyectos, los cuales son su vida emocional, su familia, su vida espiritual, su medio ambiente, su entereza ante los demás.
La integridad se logra en cierta medida por desafío de esta vida, la convocatoria está abierta, se ofrecen vacantes para ser exitoso, requisitos: responsabilidad, honestidad, trabajo diario, sacrificio, constancia, capacidad de ahorro, participación social, preparación profesional y sobre todo ACTITUD para serlo.
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